erboi (CC BY-NC-SA 4.0)
Enero 26, 2018

Secreto

blank No. 5, Poesía
2 minutos
Recuerdo tu rostro pálido apoyado de costado sobre el piso de la cocina,
Las cerámicas blancas estaban frías y manchadas,
El viento se agachaba para entrar suave por la ventana entreabierta,
moviendo las cortinas en un baile lento, casi hipnótico.
Las llamas del primer quemador de la cocina encendidas
y la tetera susurrando su aviso de agonía.
Un caleidoscopio de ropa lanzada más allá, formando casi un cuadro monstruoso,
deformado si se quiere, aunque sé bien que en todo hay un orden intrínseco.
Afuera la lluvia golpeando los pizarreños, un suave olor a tierra húmeda y más allá,
más allá de la tierra y los árboles el mar bramando su exclamación nocturna.
Este es mi recuerdo de tu muerte y de cómo lucías semidesnuda e inerte,
con el tiempo las imágenes pude haberlas cambiado un poco, la memoria
hace esto una y otra vez en irrepetibles círculos de café,
tal vez los sentimientos e imágenes fueron algo diferentes a lo que dibujé
con el lápiz viejo de carbón sobre mi libreta de notas
antes que entraran los demás investigadores y policías,
antes que tu cuerpo fuese visto
y observado por la multitud de mirones y curiosos,
antes de haber dejado de ser tú.
Me tocó ingrato la labor de recoger las huellas y buscar una pista sobre tu verdugo
Pero no había nada, nada de nada, solo la ropa tirada, la tetera sonando
y tú ahí sin más preocupaciones.
A veces pienso en el sentimiento, en la paz y quietud de tu mirada tras la tormenta,
a veces pienso en si algún día seré yo el que atrape a tu asesino,
o seré quien preso de la culpa se entregue y nos cuente su terrible verdad.
Pienso en esto y en lo otro, en la rabia también y la pena inmensa,
nada dura para siempre, me consuelo diciendo
y quién mejor que un oficial de la ley para saberlo.
Han pasado los meses y se ha dejado de buscar,
seguimos en la nada absoluta y ahí nos quedaremos
solo podemos esperar que todo se olvide, todo siempre se olvida,
el hombre es animal de poca memoria, es por eso que uso una libreta
y escribo en ella el tiempo,
cada expansión y contracción,
cada suceso.
Nada puede olvidarse en las letras y trazos almacenados allí,
ni tus facciones, ni tu voz, ni tu andar, ni tu mirar televisión, nada se olvidará,
será nuestro secreto hasta el final,
pues soy el propio fabricante de mi impunidad
tú y yo mantendremos el secreto,
el secreto de tu horrible final.

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