Javiera Jeldes y Catalina Muñoz (CC BY-NC-SA 4.0)
Abril 13, 2018

Paseo

blank No. 5, Poesía
2 minutos

En esta caminata, lo hago eterno
huyendo de los recovecos que me abre cada esquina
vuelo, vuelo
tomo distancia de mi andar con cada paso
por los valles oscuros que abren los postes
valles como caminos de campo bajo una noche nublada
de la mano de mi padre, de la mano de mis hermanos
recogiendo pieles de culebra
tarareando alguna melodía infantil
 
Pero esta brisa de verano es cordillera
las torres salpican su reflejo
en tus ojos, en los autos
y hacen sombra a infinitas bancas
la pequeña muerte, todas aquellas bancas
plazas, parques, playas
el olor a pavimento después de un temporal
la ingenuidad de los ciudadanos nostálgicos
perdiéndose en los senderos al mirador, ¿dónde más?
 
solo allí se entiende que todos los avisos de tránsito
todos tus gritos
y las luces de navidad
todos los tactos todas las bocinas
el rocío en los tréboles de las glorietas
las palabras vacías del vocero
los semáforos argentados
que todos mis versos mustios
los cisnes de la laguna artificial
las sombras cómplices con el ladrón
los rayados de todos los asientos
las millones de manos sudorosas entrecruzándose
por encima de las mesas sucias y gastadas del terminal
todos los resplandores danzantes encendiéndose al atardecer
 
que todo
todo es testimonio de la invisible voluntad
por esta ciudad, ahora
de revelarnos:
es en sus palacios quemados donde creemos hallar compañía
contra sus murallas rotas y sus cenizas, donde creemos hacer el amor
en las cárceles imaginarias que inventaron viejos niños
donde creemos encumbrar volantines
en su cielo nocturno infestado de luz
donde encontraremos paz.
 
Y es cada teléfono público una caracola que deja oír
el mar en hora punta
por las avenidas, que irrigan los pasajes
de nuestro suburbio personal
el kiosco de la esquina
los periódicos de la tarde;
ninguno de ellos anuncia
tu ausencia definitiva
 
Y al volver, como siempre
miro el armario, arriba, porque allí están
los vestones de mis tíos cuando niños
las herramientas de mi abuelo
la botella de licor que abrí
después del velorio.

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