Martín Cáceres Reneré (CC BY NC-ND 3.0)
Enero 6, 2014

Un Inmigrante

Por Alfonso Cácares Reneré en No. 4, Relatos breves
2 min

«No puedo resistir más. Sin panzers, sin antitanques, y
con tropas inexpertas, ¿cómo va a resistir nadie más
tiempo?»
— General Von Manteuffel, abril de 1945.

Tendido en su cama, se veía tan viejo que los inquilinos y la dueña de la modesta pensión en la que vivía pensaron que simplemente dormía, como lo hacía durante casi todo el día últimamente. Pero en realidad moría. Mientras agonizaba, pensaba en la insólita ciudad a la que había llegado a vivir luego de transmigrar por tantos países, y en el desesperado y secreto escape de Alemania en mayo del 45. Se vio entonces dirigiendo a su tropa en la terrible defensa de Berlín, en realidad sólo Volksturm porque ya no había verdaderos soldados. Vio por última vez el cadáver de Leni con sus trenzas rubias, el casco demasiado grande y su rostro de ojos desmesuradamente azules abiertos para siempre, curiosamente limpio de la sangre que cubría todo su cuerpo; al imberbe Wolfang llorando aterrado mientras se tapaba los oídos ante el estruendo de las murallas al caer; al viejo y tembloroso Joachim, el sastre de la Ludwigstrasse, incapaz de accionar correctamente su Panzerfaust a metros del tanque soviético que intentaba virar, entre los escombros, desde la Postdamer Platz. Sintió con intensidad el temblor provocado en sus brazos por su MG 42, disparado frenéticamente a cualquier parte, porque entre el humo y la confusión ya no era posible apuntarle a nada. Mientras se sumergía en la inconsciencia definitiva, alcanzó a escuchar el atronador ruido del bombardeo implacable; percibió cómo los vidrios de las ventanas se estremecían y reflejaban destellos de llamas. En su último hálito, creyó reconocer el olor metálico de la pólvora.

Fuera, los primeros fuegos artificiales anunciaban la llegada de un nuevo año en Valparaíso.

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