Camila Albarrán (CC BY-NC-ND 2.0)
Enero 6, 2014

Confrontación

Por César Leal en No. 4, Relatos breves
1 min

Sentí que en ese momento lo único que podía hacer era esconderme. Sólo quería estar en otro lugar, lejos de esta habitación tan fría y oscura y lejos de este loco que estaba en la casa. ¿Cómo alguien puede ser capaz de algo así? Terminar con una vida, truncar un montón de sueños de un alma joven sin razón. El silencio era peor que cualquier otra cosa, helaba más que el frío y que los gritos de desesperación de la pobre joven hace unos minutos. Aterrado, me tiré al suelo y abracé con fuerza una almohada que encontré. Cerré los ojos deseando transportarme a la seguridad de mi hogar. Luego, sentí un fuerte ruido que venía de la cocina; alguien derribaba la puerta de una patada. Luces rojas y una sirena inundaban la escena. Me levanté por el puro miedo, no sabía qué iba a pasar. Aún nervioso y tembloroso, me volteé al escuchar otro ruido y fue entonces cuando lo vi. Ahí, justo en frente mío estaba el loco, aquel hombre desquiciado que acabó con una vida inocente. Estaba parado mirándome con una cara de pasmo y horror en su cara. Él tampoco se esperaba este encuentro; ninguno hubiera querido que esto pasara, pero ahí estábamos, frente a frente. Pude verlo de pies a cabeza y logré detenerme en su mirada muerta pero profunda. Pensé en lo que había pasado recién y en el hombre que veía en esos momentos. No lo puedo creer, pensé, la maldigo por haberme obligado a matarla, pero la maldigo más por haber colocado este espejo.

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