Valeria Montana Bonavides (CC BY-NC-ND 2.0)
Diciembre 31, 2012

¿Qué cosa?

Por Mabarcci en No. 3, Poesía
2 min

Por Mabarcci.

Que pare
Que siga
Que el aire sea el cómplice de vuestras caricias
Que el cielo se nuble sólo donde falte el respiro
Que las aguas de la vida se tornen escasas en el canto benigno de los demonios
Que la risa a la que te sometes, sea un clérigo artificial de la tumba donde reposa el santo
Que el terrible encanto, del que no sabes que has entrado, se haga rocas cayendo sobre la nieve.

Cuanto quisiera ser el abrigo invisible que, os protege en la soledad
No te distraigas en los cimientos cubiertos de oro
¡Convertirme en oxígeno quiero!
Salir del límite del cutis
Expandirme en el aire y encontrarte en todas partes
De pronto
Caer en el fuego celeste de las mamadas de una imbécil racionalidad.

Ser los evangelios del más oscuro creyente
& caer en los planos colectivos de tu oscura necesidad
Cuando ya ferviente de lo impredecible
Las letras querrán ser melodías que, no obstante de su forma
Quieran ser como el viento, que despeina el crepúsculo que tiñe tus fronteras

Entonces
Caigo, pero sigo
Tomar vuelo es lo que me han dicho
Volar es lo que el viajero empedernido busca

Entonces
Busco y encuentro
Te pierdo
Te buscan porque la semilla ha de brotar en algún momento

Entonces

Que el aire sea la unión de los látigos del abismo angelical de un nosotros
Que las capacidades se adapten en lo oscuro, sin la necesidad de ser luz
Que la soledad sea la máxima compañía de un dar por placer
Que caer en las bragas de tu contienda, sea el epitelio de un orgasmo profundo
Que reír sea el viscoso experimento, que acaricia mi esqueleto en el máximo desenfreno
de quienes quieren imponer sus fronteras
Que simplemente sea el brillo que, apacigua los cabellos en la serenidad de la tarde
Que el implemento perfecto sea común en los encuentros

Entonces
El aire cae como agujeros formados en un espacio infinito
Yo que quiero acabar con los escalones de la individualidad
Para encontrarme en los momentos del pestañeo eterno en la voracidad de tu alma.

Este texto es parte del tercer número de Un Pelo Perdido.

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