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Agosto 15, 2012

Las ciudades modernas

Por Kleber Castro en No. 2, Poesía
2 min

Por Kleber Castro.

Los sentimientos me estrangulan como corbata colombiana
En estas ciudades modernas,
Por eso a veces camino de noche acompañado
A veces solo,
A veces montando un elefante
Como se camina cuando se tiene un cuadro infeccioso
me paseo sujetando un suero hecho de cicuta
que va inoculando en mi sangre un antibiótico de medicina botánica,
Y en mi reproductor de música escucho piezas musicales de metal noruego
Y psicofonías gravadas en los cementerios generales
Derrumbados por los sismos

Las dantescas figuras que me persiguen como sombras
Me hacen viajar a un plano simultáneo y secreto para ojos profanos
A una realidad oculta por el pavimento y las señales electrónicas,
A través de viejos rituales cargados de significado iniciático
cierro los ojos y me dejo llevar por letanías mapuches
Que cantan niños desamparados y mordidos por perros policiales invisibles
Y aparece siempre una procesión de la virgen agraria decapitada
De acólitos van los gerentes de bancos y aseguradoras
De sequito van los oficiales de las fuerzas especiales
Todos celebran riéndose que ¡ha muerto la “madrecita rupestre”!
Venerada por antiguos pobladores paganos en sus altares de barro

Y dentro de los edificios principales se realizan procedimientos y juicios
En que los funcionarios estatales de ese plano
Encierran a personas en jaulas de asbesto y les prenden fuego
A los rebeldes que piensan que la felicidad es solo un invento
Un juego sofista y engañoso
Porque la felicidad y la belleza son musas crueles y caprichosas

Y vuelvo abruptamente al supuesto plano del pacto social y la razón
De esta sociedad de la libre circulación de los males
Y me encuentro rodeado de eucaliptos y edificios corporativos
De promotoras y agentes de seguros
De sacerdotes y pastores que exhiben sus genitales
De personas que creen que la verdad esta en un texto de revelaciones
De niños narcotizados por sus médicos y padres
De vehículos manchados de sangre
De profesores que se suicidan en sus despachos

Y vuelvo a mi ostracismo mental
A mi casa portátil construida de libros notariales robados
A mi álbum fotográfico familiar con los rostros rayados
A mi vestimenta hecha por sastres sin extremidades
A mis dibujos de rostros sin boca
A mis anotaciones en idiomas desconocidos,
Y sigo caminando a diario por las ciudades
Tratando de sonreír e imaginar que la felicidad existe.

Este texto es parte del segundo número de Un Pelo Perdido.

2 comentarios
  1. Anonymous Agosto 18, 2012

    Tema cliche

    inicie aquí la dialéctica hegeliana
  2. Anonymous Octubre 2, 2013

    Dificil de entender no conozco algunas palabras

    inicie aquí la dialéctica hegeliana

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