Julio Lagos (CC BY 3.0)
Enero 6, 2014

Ellos y yo

Por Nicolás Russell en No. 4, Poesía
2 min

En fin, mi último verso, inconcluso, frío, sobresaltado, descontrolado
Mi quehacer se hace frívolo he inmóvil y mi cabeza retumba con oídos inválidos
Aquella tarde de agonía sólo así se sentía mi cuerpo, anulado frente a la luz
En fin, mis últimos días, si en ellos realmente otorgo un significado inquieto y verdadero
Debo preguntarme si realmente viví, si realmente desperté en los respiros del mundo.

No lo sé y no creo saberlo nunca, mi mente somnolienta no quiso pedir más,
Y en su defecto prefirió descansar de la tormenta.
¡Aquí me hallo preguntando!
Con voz desvanecida y su a vez ferviente a donde e caído,
Sí es en eso donde realmente me encuentro, en el caer.

Y en el silencio mi voz descansó.
¡Belleza! Eso intente de ver, de oír, de oler, de palpar, mientras mi cuerpo era luz era ser,
Aunque en esa incansable partida, sólo vi tragedia y egoísmo.
Y en mi vi tiempo, vi dolor, culpa, rencor
Y en ello trasparente mi ser, mi yo en fuerza y gloria
Pero sin encontrar voluntad ni libertad.

Todo lo que mi mundo conoce del vivir no es sino poesía perenne y vacía
Poesía que en su canto engaña, y en su forma siniestra provoca espasmos en los otros
Logrando con ello hacer descansar los espíritus
Envolviendo en Dioses a lo que nosotros llamamos hombres.

Muero en mi humanidad cautiva y si he de ser un prisionero,
Se que en mi muerte, mueren ellos,
Junto con sus coronas que reflejan estrellas en el crepúsculo de los tiempos,
Sus truenos y mares no volverán ha alzarse en venganza ni en pasión;
Súbitamente ni en mi futuro, ni en mi presente.

No debo a mi alma segar con sueños vagos, de muerte y esperanza,
Que oscurecen los últimos resabios que de cordura me quedan.
Ellos serán en su infinitud y Yo seré arena que sueña con un océano sereno,
En ello siempre encarnara el destino de ambos.

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