Mario Mancuso (CC BY 2.0).
Enero 1, 2013

Cromosoma 21

Por Sebastián Gayoso en No. 2, Poesía
2 min

Me levanto y es frío y es corriendo al armario
y es abrigo entre las mangas y el encanto de las telas.
Bajo entonces, escalón uno dos tres cuatro cinco
seis siete ocho diez doce y piso, primer piso
allí es cocina y leche sobre la mesa y sentirse con la guatita llena,
hay calendario y lápiz y un catorce de febrero
tachado por mi mano temblorosa
y es espera, ansias, pero amor, sobre todo amor.
Salgo y es día y es vecino y sonrisa
y un ademán de saludo.
Hay portón cerrado y luego abierto
y luego acera, seguida de la ruta
ruta dibujada en mi mano
y sigo y la indico y es ruta complicada para mí
es autobús y asientos incómodos y espera
y ansias y amor, sobre todo amor.
Es mi parada y viento frío apareció en mi parada,
seguido de un abotonamiento muy torpe en mi parada.
Camino y doblo esquinas
semáforos y más esperas
y cruzo y me rodea una nube de encantos y de aromas nuevos
y miro mi mano y es la florería que buscaba
y sigo y paso y es una sonrisa
y un ademán de saludo a la vendedora
y mis ojos buscando algo que debería saber
qué es, después me ayudan
y saco el dinero y luego
tomo torpemente las flores
y salgo y me gusta, porque hay azul y hay sol
hay un día mejor
y en mi cara afeitada sonrisa
y miro mi otra mano y es otra ruta y es fácil para mi seguirla
porque esta a dos cuadras y hay parejas y hay besos
amor, sobre todo amor.
Hay una banca y entonces me siento
y después mi trasero húmedo
y mano en mi bolsillo,
luego en el otro bolsillo,
y saco reloj y cinco minutos espero,
y tú de pronto tú y tu sonrisa
y mejillas rosaditas y tu pelo que huele bien
y mi mano sudorosa y alargada hacia tu mano rechoncha
y veo que tiene un mapa y te muestro mi mano
y risas y ríes y río y es amor, sobre todo amor,
mi otra mano alarga las flores hacia ti,
y pienso y me olvido, pero después no,
porque me acordé y te digo: una flor para otra flor
y te sientas y es mi mano, mi mano junto a la tuya
y es nuestro amor especial,
sobre todo especial.

Este texto es parte del segundo número de Un Pelo Perdido.

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