José María Pérez Nuñez (CC BY-NC 2.0)
Enero 1, 2013

JRR Tolkien: La mitología como un eco de la verdad

blank Por Romy Valenta en No ficción, No. 2
7 min

Por Romy Valenta.

Bastan menos de tres segundos luego de introducir la sigla JRR en el buscador para disponer de un sinfín de artículos referentes a la vida y obra de Tolkien. Muchos han sido escritos por fanáticos de sus libros y las películas inspiradas en ellos, otros fueron realizados por afamados académicos y estudiosos de la literatura contemporánea a nivel mundial. Pero tanta fama y reconocimiento sobrevino luego de una complicada vida, marcada por sucesos dolorosos sumados a un arduo y constante viaje hacia el autoconocimiento que lo llevó a desarrollar una serie de obras que dejarían una huella indeleble en su generación y en las posteriores. Hablamos de la lucha y el reencuentro de un hombre con sus miedos y convicciones a través de la búsqueda de la verdad impresa en la identidad de los pueblos.

Padre de la alta fantasía, John Ronald Reuel Tolkien, nació en Bloemfontein, Sudáfrica el 3 de enero de 1892 y falleció el 2 de septiembre de 1973. Perdió a su padre a la edad de cuatro años y luego a su madre a los doce.

Filólogo por excelencia desde muy pequeño, fue el creador de varias lenguas como el nevbosh y el animálico, éste último sería utilizado a menudo en inolvidables tardes de juegos en compañía de su prima Mary. Más adelante en su adolescencia dentro de sus fabulosas invenciones aparecería el naffarin, lengua inspirada en el andaluz y el galés aprendido por boca del cura que lo crió tras la muerte de sus padres, el sacerdote Francis Xavier Morgan.

Tal vez debido a su infancia llena de multiplicidades étnicas, éste interés por los idiomas sería uno de los primeros indicios de su pasión por otras culturas y marcaría el principio de una carrera literaria basada en el constante estudio y documentación sobre temas ancestrales de todo el mundo.

Sus primeras letras tuvieron un paradójico y a la vez fortuito comienzo mientras se recuperaba tras sufrir fiebre de las trincheras durante su participación en la I guerra mundial. A pesar de estar muy enfermo, Tolkien empezó a escribir, lo cual lo mantendría sumido en una inusual lucidez que le abriría las puertas a su alucinante legendarium.

A partir de ésta etapa, toda su obra se desarrolla como un reflejo de su propia realidad y promueve a través de ella, todo un contingente histórico, cultural y patrimonial que le valdría más adelante una serie de fuertes críticas de orden moral e ideológico.

En 1937 publica El Hobbit, libro dedicado especialmente a sus hijos, el cual relata las aventuras del mediano Bilbo Bolsón, quien vive en Bolsón Cerrado, una pequeña comarca inspirada en el lugar donde se crió en Inglaterra. Éste texto más allá de ser un libro infantil, es también el testimonio de una fuerte experiencia de vida y del proceso de individualización del ser humano experimentado por el autor. Uno de los pasajes del libro que mejor grafica el sentido de la obra es la travesía de Bilbo desde Rivendel por las Montañas Nubladas, donde Tolkien relata el viaje que el personaje emprende para alcanzar la superación del egoísmo y la codicia, siendo éste y no otro, el motivo central del libro.

Ya en 1937 el propio C. S Lewis, autor de Las crónicas de Narnia y amigo durante toda la vida del escritor afirma que El Hobbit era una novela con grandes proyecciones de ser un clásico.

Tanto J.R.R como C.S Lewis pertenecían desde muy jóvenes a un club literario llamado los Inklings. En un comienzo, la idea de que los mitos contienen verdades fundamentales, se convirtió en un tema central para los Inklings y luego el propio Tolkien tomaría éste precepto como un estandarte dedicando toda su vida a reivindicar el acervo folklórico y mitológico de los pueblos que fueron motivo de su interés.

Tolkien creía fehacientemente en la perpetuación de las culturas a través de su dialéctica y situó la muerte de las lenguas antiguas como el Esperanto en el hecho de que ninguno de sus autores inventó una leyenda en torno al idioma.

Con una fuerte influencia de Andrew Lang y los Hermanos Grimm, Tolkien se embarca en la creación de un mundo imaginario nunca antes visto por la humanidad. El Señor de los Anillos, libro escrito como continuación de El Hobbit, representa la inconmensurable capacidad imaginativa del escritor para crear un mundo paralelo, basado en el real, donde podría establecer y aplicar sus propias concepciones sobre la vida y la muerte.

En ésta saga compuesta finalmente, tras muchas reestructuraciones y cortes por parte de la editorial Allen & Unwin, por tres tomos, se evidencia una marcada tendencia a rescatar y proyectar la mitología escandinava en su obra. La historia de La Tierra Media, lugar donde transcurre toda la trama, se inicia con el viaje de Eârendil y abarca siglos y siglos a lo largo de una línea de tiempo totalmente elaborada por la mente del escritor. Según algunos, ésta obra presenta grandes similitudes con el Kalevala, poema finés que relata las proezas de avezados guerreros que se embarcan en asombrosas aventuras en busca del honor y grandes victorias.

Uno de los personajes más emblemáticos de la saga, el mago Gandalf, está basado en la pintura del alemán Josef Madlener llamada El espitiru de la montaña (Der Berggeist). Luego de mucho trabajo, la figura final fue inspirada por Odín y Gandalf el gris, como se le apoda en el libro, fue concebido por Tolkien como un caminante odinico.

Asimismo, la leyenda escandinava de Beowulf marcó significativamente la creación de la obra de Tolkien, un fiel ejemplo de esto es la alusión al pueblo vikingo con la invención de los jinetes de Rohan.

Pero además del contingente multicultural plasmado en sus libros, el autor también nos abre con cada página un portal hacia sus creencias más profundas y nos deja en claro que la implantación del mal como un modelo, eje principal de la historia, se basa en su arraigada fe cristiana. Ferviente católico, el propio Tolkien asevera respecto a ésta historia: “El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica” y agrega sobre la misma: “La mitología es el eco de la verdad”, sentimiento que persiguió inculcar a lo largo de toda su vida y que reafirma en el poema Mitopeia. Es así, como El Señor de los Anillos se abre paso desde 1960 como la obra de fantasía épica más popular de todos los tiempos.

Basados en la defensa de las raíces y el estudio por los orígenes de los pueblos que incentivó a Tolkien a investigar de manera incansable para crear sus obras, sus detractores comenzaron a elaborar truculentas teorías sobre las ideas políticas y sociales del escritor, tergiversando ejemplos extraídos de sus historias, como en el caso del posicionamiento del bien y el mal en ambos extremos de la carta cromática, debido a que los personajes benévolos llevaban siempre nombre o vestimentas asociados al color blanco y los villanos siempre eran o vestían de oscuro.

En contraste a estas acusaciones, siempre resurgía un Tolkien defensor de los derechos de la humanidad, lo cual se evidenció al manifestar su rechazo al proyecto Manhattan, desestimando la vía armamentista nuclear de Estados Unidos.

A pesar de su visión conservadora producto de su profundo catolicismo, se criticó también su dualidad al mostrarse en extremo liberal y contrario a las políticas represoras que imperaban en la época, ganándose el inusual apodo de “anarquista monárquico”.

Fue en contra del régimen soviético y a su vez condenó la doctrina racial del partido nazi, criticando a Hitler e igualmente a la política anti alemana promovida por los británicos. Por ésta causa él mismo Tolkien sería también objeto de críticas y ataques que cuestionaban su ideología basados en la raíz alemana de su apellido.

De igual forma, el escritor era un constante defensor de la naturaleza y el ecologismo estaba patente en todas sus obras. Su fuerte crítica social reflejada tras la industrialización de La Comarca luego de El retorno del rey, dejaba en claro una temprana preocupación por el camino que estaba tomando el mundo moderno hacia la destrucción y malversación de los recursos naturales.

Asimismo, Tolkien mediante la metáfora de Bárbol, un ent que personifica a un añoso árbol que encarna la sabiduría de la madre tierra, nos muestra lo necesario que es detenerse a escuchar la voz de la naturaleza, tomar conciencia y asumir que dependemos de ella. Éste personaje aparece en El señor de los Anillos y fue inspirado en su amigo C.S Lewis, debido a su forma pausada de hablar y a su personalidad introvertida.

En lo que respecta a su vida personal, la fantasía tampoco dejó nunca de estar presente. A los dieciocho años conoció a la mujer que más adelante sería su esposa, pero no pudo verla ni pedirle matrimonio hasta los veintiún años, por mandato expreso del padre Morgan, quien sería en ese entonces su tutor, ya que éste consideraba que primero debía cumplir la mayoría de edad impuesta en esa época. Transcurrieron tres años en los cuales no se vieron ni se escribieron. Edith estaba comprometida para casarse con otro hombre, pero al reencontrarse con John dejó a su novio y se unieron en matrimonio. La capilla donde vivió cuando niño hasta su adolescencia fue también su prisión durante éste angustioso período de espera e inspiró las dos torres de Minas Morgul y Orthanc, que aparecen en el segundo tomo de El señor de los Anillos.

El profundo sentimiento por su esposa, lo llevó a crear la leyenda incluida en el Silmarillion llamada Beren y Luthien, que relata la historia de amor entre un hombre y una mujer elfo.

Académico de Oxford, profesor Honoris Causa de varias universidades, miembro de la Philological Society y Royal Society of Literature, Tolkien fue acumulando títulos y menciones honrosas alrededor del mundo a lo largo de toda su carrera como escritor y profesor. En 1961 fue propuesto para el Nobel y fue desestimado por el jurado de la época debido, según los mismos, a su pobre prosa.

Su hijo Christopher se dedicó a editar y publicar póstumamente la gran mayoría de sus escritos acumulados en una serie de cuadernos y libretas de anotaciones. Actualmente se conservan algunos manuscritos de sus obras en las universidades de Marquette y Harvard en Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, la obra de J.R.R Tolkien está cargada de vivencias personales junto a una acuciosa introspección que no dejó de practicar a lo largo de toda su vida. El sello único de su pluma proviene de un profundo respeto por las culturas primigenias y un incansable afán por rescatar el patrimonio histórico de la humanidad a través del arte y la ciencia. Pero también por medio de sus libros podemos conocer a una persona que a pesar de sufrir los embates de una vida dura, jamás perdió la capacidad de imaginar ni dejó de ser niño en su interior. Aprendió a crecer escuchando las voces de su inconsciente, dejándonos en claro que la fantasía está presente en todo ámbito de nuestras vidas y que los mitos y leyendas que rodean al ser humano en cada rincón del planeta conforman el registro de nuestras acciones a lo largo de la historia proyectando la realidad del hombre en el espejo del tiempo.

Este texto es parte del segundo número de Un Pelo Perdido.

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