Diciembre 9, 2012

Del regreso, las revistas y el sacrificio etílico-lírico

Por Franz Rasca en Columnas, No ficción, No. 2
3 min

Por Franz Rasca.

¡Canta, oh musa, la flojera del brillante Rasca! Flojera funesta que causó  infinita ignorancia a los lectores, y precipitó a Las Últimas Noticias muchos ojos de “inocentes” sabios…

Hace un tiempo, en la Revista Carnestolendas –que el Altísimo tenga en su reino– profeticé, inauguré y parí por primera y última vez la brillante, benemérita y garante Estética Farándulo-literaria, ultra-post-teoría que venía a revolucionar el campo del saber literario local y a dar su merecido lugar a la inoperancia y las ganas de figurar de algunos rapsodas, verdaderos Vale Roth de las letras.

Pero como este teórico es –antes que todo– chileno, las condiciones de la post-post-postmodernidad penquista condicionaron su trabajo, y el tiempo que media entre el primer y el segundo número de mi Farándula –el que tenéis en vuestras manos– es de tres años. En este lapso periódico de tiempo, los santos varones que se atrevieron a publicarla (los de la revista ya mencionada) no se atrevieron a lanzar otro número, porque el primero salió demasiado bueno y opinaron que después de este ya no se podía hacer nada nuevo en literatura, dedicándose posteriormente a la deconstrucción del hígado y otras partes. El buen Rasca quedaba cesante.

Pero Franz Rasca no podía dejar que su proyecto, el primer movimiento artístico nacional desde el Creacionismo, se hundiera tan fácilmente. Cual Duchamp, buscó sus propios urinarios, y sacando fuerzas martinvarguianas, abandonó la pornoliteratura y encontró quién lo publicara. Sus ansiosos lectores ya no tendrán que esperar más, ¡que comience la vanguardia!

El país ya no es el mismo. No en vano han transcurrido tres años, cargados de complejísimos hechos. Entre ellos, para mencionar uno solo: la misma farándula. Los poetas han perdido un lugar vital en los medios, este es, las páginas sociales. Donde antes había escritores, hoy vemos futbolistas; Kike Acuña sale con las modelos de Lafourcade –si para eso escribió Palomita Blanca el zorrón. Pinilla va a las discos donde mataría Zurita con su baile frenético… ¡Es el colmo, que alguien haga algo! Hoy los poetas solo figuran donde nunca esperaron estar: en los libros (y en una que otra universidad ruin, haciendo clases). Como dicen mis mecenas de Un Pelo Perdido, la cultura de por acá está en crisis y nadie se da cuenta: no conviene.

¿Una revista es una buena idea? Sí y no. ¿Una revista soluciona el problema? Por lo menos una parte queda cubierta. Hace un tiempo, con el poeta Juan “Taxativo” Soto, fundamos la revista literaria Laxante, que junto con la revista Carnestolendas tiene el récord de pocas ediciones: una sola (aunque los superamos en el número más bajo de ejemplares conservados, con sólo dos). ¿Fue Laxante una revista fracasada o exitosa? Si queríamos llegar al público, entonces fue un fracaso total: sólo la leímos Taxativo y yo (lo que sería una meta-lectura), y en una de esas, nuestras novias (lo que sería una meta-meta-lectura, jeje). ¿Fue Laxante una revista laxante? Definitivamente. Nos hizo… matarnos trabajando. Con mi socio tuvimos que pensar en todos los detalles de la recepción de trabajos, la publicación y la difusión de la magna obra. A cada paso que tratábamos de dar, nos topábamos siempre, siempre, con el mismo problema: ¡LA FARÁNDULA! ¿Hacer propaganda en universidades, liceos, talleres literarios, clubes de adulto mayor? ¡No! Había que ir a hacer lobby a los bares, restobares, picás, cantinas, clandestinos y lenocinios de la ciudad. Había que mentir, sí, MENTIR a cada escritor, asegurando la publicación constante de sus textos, y tratarlos como el Rimbaud que creían ser. Teníamos que ir con rodilleras a pedir que nos publicara alguna editorial –y las rodilleras quedaban bien gastadas. Después de todo esto, y de codearnos con las más rutilantes estrellas de la poesía, narrativa (je) y teatro (jeje) local, por fin pudimos planear nuestra primera entrega: saldría a la venta el sábado 27 de febrero del 2010.

La revista que quiso ser “un mar de conocimiento literario” quedó sólo en “un mar”… De una edición de 25.000 ejemplares, conservamos sólo los dos que se salvaron. A nuestra muerte quedará estipulado que sean donados a la Biblioteca de Humanidades y Arte de la Universidad de Concepción, para el deleite de la concurrencia. ¿Moraleja? Hay que dar la vida por los sueños, más si se trata de una iniciativa literaria. Y hay que hacerse amigo de la farándula y reconocerla, admirarla, mimarla. De otra manera es imposible.

Este texto es parte del segundo número de Un Pelo Perdido.

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