Fotos Oficiales Filsa 2015 (CC BY-NC 2.0)
Febrero 14, 2017

Conservadurismo zodiacal

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3 min

“De seguro que los adivinos que buscaban sonsacarle al tiempo lo que escondía en su seno no lo experimentaban ni como homogéneo ni como vacío” –W.B.

El zodiaco es una banda que atraviesa la bóveda celestial. Se trata de doce fracciones de realidad estelar establecidas desde hace miles de años, probablemente por los antiguos sumerios, primera civilización de la que la historia tiene recuerdo.

Los sumerios dominaron la naturaleza terrena y celeste, perfeccionaron la agricultura y la ganadería, inventaron sistemas para medir el tiempo de la jornada y los ciclos terrestres (la hora, el día, los meses), e impulsaron las matemáticas, la medicina, a la vez que propiciaron la observación astronómica del cielo, sin duda indistinguible por entonces de lo que hoy llamamos religión y astrología. Pero ese zodiaco, esa astronomía-astrología-religión, poco tienen que ver con lo que hoy en día entendemos como tales.

Los saberes sumerios cayeron en el olvido de los tiempos, y de sus restos, una vez tras otra, nuevas civilizaciones intentaron reconstruir una verdad que ya estaba completamente perdida. Las distintas civilizaciones que poblaron Mesopotamia primero, luego pueblos un poco más lejanos; en el caso de la tradición occidental, los griegos también reconstruyeron a los dioses del cielo, aunque la cultura cristiano-romano que se terminaría formando unos siglos después condenó la astrología por paganismo en nombre de la fe, y luego la Europa secularizante la condenó como mitología en nombre de la razón. En medio de toda esa tempestad de la historia, no solo cayeron dioses por montones, también se alzaron cientos de nuevas deidades, solo para volver a ser destronadas una y otra vez; y no solo cayeron civilizaciones enteras, junto con ellas se olvidaron sus gestas, sus poemas, sus saberes, sus placeres, sus temores; y en medio de tanta destrucción, la astrología quedó reducida a ese objeto insípido que acompaña las últimas páginas de una revista dominguera. ¿Qué tipo de representaciones, qué concepciones de mundo son las que dominan esta producción literaria? En Mitologías, Roland Barthes dice que en los horóscopos de las “revistas femeninas” no encontraremos ningún mundo onírico, sino la descripción estricta del medio social de sus lectoras, repetición e institución de la realidad tal cual esta es; los asuntos del corazón son esos pequeños secretitos privados, el hogar reproduce la estructura burguesa de la familia, y en el trabajo, podrá haber un ascenso alguna vez, una pequeña discusión otro día, pero estos astros nunca anunciarán la huelga. Si al zodiaco pudiera aplicársele la máxima de “lo que es arriba, es abajo”, entonces este cielo nunca trastornará nada, no hay cortes, discontinuidades o saltos. Las vidas de los lectores transcurrirán tranquilamente, pues estos dioses celestes parecieran haberse sometido sin resistencia a los ciclos “naturales” de la vida, al irresistible Sol del capital: nacer, crecer, ir a la escuela, trabajar, morir. Es claro que esta modalidad de la astrología es profundamente conservadora. En todo caso es notable que tratándose de una mistificación de la realidad, no existe ninguna “compensación onírica”, al contrario, se muestra la realidad tal cual es, con lo que se exorciza lo real nombrándolo. La astrología no será, por supuesto, una descripción científica de la realidad, pero tampoco pura mistificación ideológica de ella. Se situaría en un punto intermedio, tal como la literatura: semi-alienación o semi-liberación, ¿cuál de las dos? Todo depende de cómo se arrojen los dados o se jueguen las cartas; la literatura ha dado buena cuenta de eso. Frente al desabrido conservadurismo zodiacal, frente a la utilización mistificadora de la astrología, todavía sería posible ensayar un uso popular y revolucionario de los horóscopos. Se trata de comenzar a experimentar la tierra y el cielo de otras maneras, de romper con el individualismo pequeño-burgués y la teología solar, de abrirse a las razas y a la inmensidad nocturna.

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