Diciembre 31, 2012

Columna #3

Por Franz Rasca en Columnas, No ficción
3 min

Por Franz Rasca.

Queridos fans, como ya os habréis dado cuenta, los dos primeros números de esta columna consistieron en presentar su tema y retomar este arduo y fatigoso trabajo de dar a conocer la Farándula Literaria, que unos pocos -más faranduleros que nadie- todavía se niegan en reconocer. Pues bien, ya es hora de empezar a trabajar (porque los intelectuales TRA-BA-JA-MOS) y a conformar este complejo mapa teórico que en la práctica todos experimentan, pero que nadie se había atrevido a desentrañar. Han sido dos meses -¡ha sido un año!- de hechos farándulo-literarios que vale la pena revisar y que ayudan a comprender el estado total de crisis, de histeria enyegüecida de la masa (¡tanta gente!) lectora/escritora:

1. Empezó el año con un incendio gigante en la octava región, es decir, ¡qué noticia más literaria que esa!

2. Subió la venta de bloqueador solar y de helados en enero y febrero (noticia extraída de Mega y Chilevisión, hay que ser rigurosos con la información y dar los créditos).

3. El que quizás sea nuestro mejor poeta, Sebastián Piñera (que no sabe muy bien el nombre de sus colegas), llegó a un 66,6% de rechazo popular, y todos sabemos lo importante que es para un poeta el sentirse rechazado, se abren tremendas zonas de creatividad (Kafka says).

4. El buen Zambra publicó No leer y tuvo un éxito rotundo: la gran masa intelectual chilena no leyó. Mal hizo.

5. Como suele pasar cerca del 18 de septiembre, se celebraron las Fiestas Patrias y una vez más nos convencimos de que como nosotros no hay, de que Chile, país de poetas y de que la literatura chilena está viva (sí, lo está, pero ¿dónde vive?).

6. Nicanor Parra ganó el Premio Pablo Neruda (antiironías del destino), lo que favoreció a todos los Parra, menos a él.

7. Baradit inauguró el Realismo Mágico 2.0, ¡pero tuvo menos seguidores que la Farándula Literaria! La noticia fue tan gravitante en las letras latinas que a García Márquez hasta le dio Alzheimer.

8. Ganó el Premio Nobel un chino que -en nuestra infinita cultura- no conocemos y que jamás vamos a conocer.

9. Óscar Hahn ganó el Nacional de Literatura, con treinta años de retraso (hay que guardar las tradiciones nacionales).

10. Hubo elecciones municipales en Chile, y no votó ni la mitad de los electores, lo que quiere decir que Parra quizás tenga más futuro que Neruda en este siglo que comienza.

Si metemos todo esto en una derridiana juguera, el resultado es la necesidad apremiante que tiene el escritor (más todavía si es farandulesco) del vil dinero, que ocupará para comer, para tomarse un vino o para invitar a alguna fan de su brillante literatura. Problema mayor, si pensamos que el escritor -a pesar de su inteligencia- también tiene tripas y es un productor de caca como todos los mortales. Ahora bien, en el mundo de hoy el escritor tiene cada vez más problemas (habiendo superado el primero de ellos: tomar la incomprensible y demente decisión de ponerse a escribir) y por eso tiene que competir -con todas sus armas, que rara vez se reducen al mero talento- para superarlos y acceder a las migajas que pueda agarrar de distintos queques. Para entender mejor este cambio de paradigma ocuparé esta pésima analogía: hace algunas décadas, la literatura chilena era como un gran plátano que se peleaban muchos monos. Algunos, los monos más ágiles, lograban llegar a los plátanos, se los comían y botaban las cáscaras hacia atrás, para que el resto de los monos se sacara la cresta. Con el paso del tiempo, estos monos grandes fueron haciendo escuela y empezaron a repartir pedazos de plátano a sus monitos, mientras bloqueaban el camino para que otros no se pudieran alimentar y así murieran de hambre, lo que hacía reír con ganas a los monos vencedores. En todo esto había arte, palabra y gracia que encantaba a los lectores -¿a quién no le gusta ver monitos peleando? Pues bien, en alguna parte de la historia los plátanos se perdieron y los monitos olvidaron su gracia, dejándonos el panorama desolador y tedioso que domina hoy. El querido Bolaño lo abordaba en su Intento de acabar a los mecenas y en sus declaraciones de principios: el escritor está aterrado frente al hambre, esta lo paraliza. Para escribir la obra que uno quiere, que no es la obra perfecta, sino la obra honrada -aunque hable de putas, pedófilos y políticos- hay que perder totalmente el miedo a bajarse del auto, el miedo a las manos con caca, el miedo a la guata vacía. La farándula literaria actual es el refugio y la frontera de ese miedo. //UPP


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