Eduardo Zárate (CC BY-ND 2.0)
Diciembre 31, 2012

Café en la floresta

Por Sergio Bueno en Columnas, No ficción, No. 3
2 min

Columna parte de la serie Crónicas de café en grano, por Sergio Bueno*.

Quietos, prisioneros en los anaqueles ordenados como para un desfile, los libros están esperando al lector que deambula en esta medialuna que corresponde a la 6ª. Feria del Libro en el Parque Forestal. Bajo un toldo de color blanco, para protegerse de los rayos del sol, que se afirma en una armazón de pilastras metálicas, hay un escenario donde poetas, escritores, cantantes, músicos tienen el propósito de entretener con la misma gracia como lo hacen los libros junto al Palacio de Bellas Artes.
El café, servido entre esta fiesta del espíritu, trae recuerdos y emociones, porque siempre ha sido para mí un recorrido como ferviente enamorado, escribiendo poemas a esa joven que iluminaba con la luz de sus ojos negros. También, en el Palacio de Bellas Artes, concurría a clases de dibujo –vespertinas-, después de la jornada laboral en la Estación Mapocho como funcionario de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado. Añoro ese tiempo como a un sueño lejano que busco revivirlo cada vez que tengo una cartulina en blanco y lápices de carbón, de colores…
De ese tiempo, lejano y siempre presente, queda el sabor triste de la ausencia Pero, tan latentes y vigorosos, que los aproximo en las huellas detenidas en estos contornos. Me parece divisar a Manuel Rojas, con su estatura gigante, tranquilo, soñoliento, ante una mesa que muestra algunos de sus libros, sin la acogida esperada. Quizás la indiferencia. Pero el tiempo hace justicia. Sin duda que el autor de “Hijo de ladrón” no está. Pero, muchos cientos de personas, recorren las librerías para leer a este insigne escritor que, un día, amargado, experimentaba la apatía y la incomprensión.
El café es una bebida que abre surcos, alumbra recovecos olvidados y, por lo general, deja su reguera de lágrimas Ese pasado que se hunde en el fango y revive con su estela de nostalgia, hace bien como ese espejo que nos mira desde lejos.
Los poetas, en el escenario de Parque Forestal, dejan sus dolores y sus quejumbres que ensombrecen esta tarde que declina y va desapareciendo…
Avanzo recorriendo sus prados, bajo los árboles y, con el corazón entibiado por el café recién servido, me pierdo en la oscuridad, sin testigos, con los ojos húmedos. Asimismo llevo un libro de versos, por estos senderos estrechos, en la búsqueda de aquellos días que se fueron. Quizás, los encuentre a la vuelta de la esquina.


* Escritor y profesor. Actualmente es uno de los directores de la SECH (Sociedad de Escritores de Chile). Para leer más columnas suyas y de otros autores, visita www.unpeloperdido.com/columnas

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