Enero 6, 2014

Señor Escritor y Política S/A ♥

Por Franz Rasca en Columnas, No. 4
3 min

Cuando uno es calvo, y no va quedando nada, pero nada de pelo, sólo unos pocos pelos literarios, es bastante bueno que esos pelos insistan y permanezcan. Punto 1: loas a Un Pelo Perdido por no perderse, por negarse a desaparecer, como le pasó a muchas otras revistas.

Es tiempo de política, es decir, tiempo de guerra, de mentiras, de ladrones y -cómo no- de farándula, mucha farándula y también de la literaria. Primera disyuntiva: me muevo entre dos actitudes frente a la política. La primera es la del frenético Vicente Huidobro, quien fue visionario al subirse al carro de una de las dos actitudes que perduran hasta hoy: la gravedad y la risa. Huidobro -al contrario de Neruda- escogió la risa. Se rió de liberales y conservadores, traicionó su linaje al hacerse comunista -a mi parecer, fundó el Comunismo Histriónico, del que fue el primer y último miembro-, fingió su secuestro, se opuso al fascismo en un país tremendamente fascista como Chile, en otras palabras, se cagó en la política, que es lo que hacen muchos jóvenes hoy, pero su mérito fue hacerlo cuando todos aún creían. La otra actitud es la del inmortal -y no en sentido figurado- Nicanor Parra, de quien suele citarse el célebre “la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas” -cosa que se sabía hace tiempo-, aunque yo prefiero ese pensamiento que dice “si yo fuera presidente de Chile/ no dejaría títere con cabeza/ comenzaría por declararle/ la guerra a Bolivia/ acto seguido/ me dispararía un tiro en la sien”. ¿Qué quiere decir esto? Quién sabe, aunque la foto del torso sin cabeza que lo acompaña basta y sobra. La actitud de Parra es una advertencia frente a la gravedad, mientras que la de Huidobro es acción contra ella, pérdida de cordura, falta de respeto hacia la vulgaridad y la simpleza de la mequetrefe clase política. Para ambas, sin duda, se necesita cierto grado de locura y de dignidad, tan perdidos hoy.

Pero de ambas actitudes, una sola es farandulezca, ya que posee el germen del espectáculo, del circo ramplón de la política, que es la imagen. En esto Huidobro fue un maestro, sus movimientos son tan legendarios como su figura, y posiblemente sea lo más cercano que tenemos a un dandy. Parra, por el contrario, pertenece a una farándula cultural más reciente, la de los aduladores que no lo entienden pero quieren una tajada de su fama, un poquito de polvo del cometa que no volverá sino en cien años más. Ahora bien, segunda disyuntiva: en la gravedad ¿puede haber farándula? Y la única gravedad chilena con verdadero peso es Neruda. Los movimientos de Neruda comienzan a hacerse notorios y realmente importantes con su defensa de los republicanos en la Guerra Civil Española, es decir, con una acción justa e indiscutible. Lo que vino después -su carrera política, la verdadera- es una marea de altibajos, de la cual sus enemigos suelen rescatar el poema a Stalin, un pésimo favor a su imagen de artista. ¿Lecciones? Hay que saber cuándo retirarse, porque filiación y farándula no se llevan de la mano. Bien lo sabía Vargas Llosa, que armó su balsa cuando el olor a putrefacción de la revolución cubana ya se olía en todos lados, aunque luego lo haya cambiado por un olor incluso peor, al que hoy hiede más que nunca.

El adorable Wilde dijo una vez: “en la vida política, tarde o temprano, uno tiene un compromiso”, pero fue increíblemente astuto para no decir con quién. Para un impertinente como Bolaño, la política pareciera disolverse en el amplio mar de la ética, la única mujer a la que trató de serle fiel. Denunció a otros escritores-políticos, nada de impertinentes y mucho menos farandulezcos (para serlo, primero debes importarle a alguien, otra enseñanza de Wilde), como Teitelboim o Skármeta, de pésima calidad literaria y obedientes funcionarios. Pero los funcionarios no necesariamente carecen de talento; Raúl Zurita, el poeta y niño símbolo de la Concertación es el mejor ejemplo, aunque miembro de una farándula a la que sólo pertenece él. ¿Escritores sui generis? Isabel Allende, sobrina del mártir y premiada por un gobierno de derecha. Nuestros escritores. El mejor correlato del circo variopinto que se asoma en noviembre.

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