RL GNZLZ (CC BY-SA 2.0)
Junio 11, 2012

Oda a las Ferias Libres de Talcahuano

Por Ricardo Maldonado en No. 1, Poesía
2 min

En la edición impresa, tuvimos que finalizar la poesía varias estrofas antes, por el espacio del que disponíamos. El autor nos envió nuevas indicaciones según las cuales mantiene la poesía abreviada, pero con otras estrofas en su lugar. Esta es la nueva versión que el autor nos pidió, publicaramos.

Por Ricardo Maldonado.

A gamba y a cien,
a luca o a quina lo puede tener.
Por kilo, por pila o por unidad,
fresquito cacera, acérquese, venga a probar
el exquisito elixir,
la mezcla del cielo, la tierra y el mar.

Oh, juguera notable,
he flotado por todas tus calles
en las cuales consigues exprimir con delicioso detalle
la más grande expresión y el más bello de los frutos salvajes:
la humanidad, en una sola y preciosa aleación de manjares,
de olores, colores, sabores, sudores,
texturas y sonoras frescuras.
Humanidad sedienta del jugo abundante
que brota de las manos entrelazadas del trabajo y la tierra.

Ya por Malaquías Concha, ya por Carlos Dittborn,
Las Hortensias o La Marina: portales a otras dimensiones,
aduanas a naciones selváticas, tropicales y exóticas;
mundos estelares, levantados sobre soles ardientes,
calurosos, húmedos y sabrosos;
tanto,
tanto como esos cajones dulces de cerezas,
plátanos, duraznos y manzanos
–‘delicia roja’ le llaman los ‘kapaxianos’– sí;
tanto como esas jugosas naranjas, pepinos y sandías
que reaparecen, migrantes,
como aves multicolores,
como cigarras, como mariposas estivales,
como fuchsias magaellanicas,
como el Halley o el Elenin.

Y así, como estos dos cometas,
una fuerza irresistible, cautivante,
me atrapa y me conduce,
se introduce en mi piel y me seduce,
una hipnosis que penetra mis ojos,
mis narices, mis oídos, me reduce
a la figura de una nube que sube del mar,
que baja desde los cerros y busca respirar,
oír, sentir y observar
esa galaxia divina, la feria;
y sus notas verdes, rojas, blancas, amarillas, marones;
su diversidad, su esplendor, coronas, joyas,
realeza cadenciosa, vapor de mieles,
transubstanciación de manjares angélicos
herederos del viejo Edén.
Todo en tu cuerpo, en tu serpentear,
es un continuo estímulo a los sentidos;
un coctel de placer y rechazo,
fealdad y belleza unidas en armonía. Y en detalles.

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