Valentos SG (CC BY-NC-ND 2.0)
Julio 22, 2012

El Desaliento

Por David Rivera en No. 1, Poesía
2 min

Un extracto de este texto, publicado en el primer número, se encontraba en el sitio web. Hoy posteamos el texto completo.

Por David Rivera.

Llevo a cuestas en la garganta un nudo gordiano
desilusionado del sinsentido, de la postmodernidad,
del cinismo y de tantas otras cosas que incrustan desgano.
Como hombre sufro pero como humano muero,
quizá nunca nazca que es peor aún,
pero me sacrificaría mil veces en vano si de amor se tratase.

Ensimismándome.

Hay una acumulación histórica de las frustraciones,
un desaliento arquetípico que proviene de las profundidades
más inconscientes del yo.
Son hematomas permanentes en el impulso hipnagógico
que traza pesadumbre a la trayectoria de la vida toda.

Resurgiendo.

Camuflados permanecen los condimentos de lo deshumano,
aquellos que revelan inestables las otroras referenciales.
El desaliento parte ahí, en la relatividad misma de lo moral,
en el desenfreno de la estética y en la métrica de la indiferencia,
en una sociedad que ha encontrado a la ignorancia como puerto
y ha revuelto y no vuelto inteligible todos los puntos de partida.

Marcha la apatía, la desconfianza, los rumores, la desidia.
Las mimadas inconsecuencias, la mojigatería acomodada,
y tanta, pero tanta hipocresía…
torpes y voluptuosos sedimentos de prejuicios.

Ahí voy…
entonces nuevamente siento.

Los ismos, acechando, flanqueando al amor,
pretendiéndose únicos, enacidos inquebrantables,
no hacen más que desgarralo, dividirlo en mil concepciones
que no suman en su conjunto un solo corazón.
También alimentan el desaliento,
lo tributan desde las ideas, desde la episteme, desde la ontología.

Pero el que más pesa, sin duda, es el desaliento cotidiano.
La cama, la sonrisa y el pantalón. Los simulacros.
Las motivaciones, los proyectos y el progreso. El espectáculo.
Éste, va hilvanando una realidad que no es otra ni tampoco es ésta.
Ni esa.
Pero es toda a la vez, y flagela el espíritu,
lo martiriza hasta el punto de no retorno.

Llevo a cuestas en la garganta un nudo gordiano
y va a estallar antes de que terminen estos versos,
reafirmando con ello la miseria humana,
crispando todo aliento emancipador,
quemando toda esperanza,
dejando un aliento desolador.

Lee más de este autor en su blog, Epifanías poéticas.

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