Junio 11, 2012

Discurso de inauguración de la farándula literaria

Por Franz Rasca en Columnas, No ficción, No. 1
3 min

Por Franz Rasca.

En nuestra inmensa admiración por los grandes maestros de la literatura –conducta justificada que no pretendo discutir– nuestra ingente intelectualización como país nos ha hecho olvidar cierto sabor infame que disfrutábamos con desenfado a comienzos del siglo anterior. Un Huidobro escandaloso, apasionado, que huye del país con una niña de equipaje; un Neruda que descalifica a todo aquel que pueda amenazar su creciente fama de superstar; un De Rokha que dispara a mansalva en los diarios contra quienes lo marginan, alimentando el fuego de la guerrilla literaria… y el país de testigo, disfrutando del festín de diatribas inteligentes. Si bien no eran Chesterton contra Shaw, había cierto nivel de elegancia que indudablemente se ha perdido.

Ahora, como usted comprenderá, no podemos pretender en la actualidad tal nivel de distinción, en un escenario nacional donde quienes escriben son mayoritariamente escritores de segunda clase que se preocupan más de la envidia (¿qué se pueden envidiar? –digo yo) que de la calidad de sus obras; sujetos que ocupan la mitad del día en destriparse en los foros literarios y sobre los cuales no vale la pena hablar. Mientras tanto el resto, que son los pocos buenos escritores que hay, trata de pasar inadvertido, situación que ha significado la derrota definitiva de la camorra intelectual que hoy añoro.

Pues bien, con el advenimiento de la crítica televisiva basura he encontrado las bases para construir mi más anhelado y rotundo proyecto: la Estética Farándulo-literaria, o Farándula Literaria a secas. Tal como su variante televisiva, ocupa los medios más deleznables para revelar ciertos aspectos que satisfacen el morbo o la curiosidad del desocupado (¡y ahora sí que desocupado!) lector, especialmente respecto a detalles íntimos de los autores, no de las obras (porque si usted quiere saber algo de una obra, vaya y léala).

Los escritores abordados por la columna Farándulo-literaria son todos admirados profundamente por mí, por lo tanto, puede entenderse como una especie de homenaje –o, en términos académicos, es mi “diálogo [pretencioso] con los grandes creadores”; sin embargo, no se crea que tal homenaje será una vulgar alabanza a los escritores: a este teórico –o sea, yo- no le interesa para nada que los creadores sean buenas personas. Como bien explicaba el finado Bolaño, ningún escritor merece la unanimidad servil, ejercicio de funcionarios y mediocres.

Finalmente, dejo establecidas algunas consideraciones a mi recién parido hijo, las cuales pueden comprenderse como decálogo -¿o, en este caso, heptálago?- de su existencia. Queda abierto el espacio a críticas, aunque estas bien podrían originar el surgimiento de la meta-farándula-literaria, engendro reflexivo que no me atrevo a describir ni elucubrar todavía. Me deseo buena suerte.

  1. Como todo género de farándula, su especie literaria es totalmente prescindible, no representa ninguna utilidad y tiene toda razón de ser execrada por la sociedad y el lector decente, moral y de buenas costumbres.
  2. La farándula literaria descree de los ídolos, sólo respeta la obra de los buenos escritores, más no sus vidas ni su memoria –las cuales pretende [secreta e infatigablemente] ilustrar.
  3. La farándula literaria se aprovecha fría y descaradamente del problema de los géneros; ella es un estilo en sí misma, es malintencionada y post-post-post-moderna.
  4. Esta columna no espera perpetuarse en el tiempo ni sentar escuela en la crítica literaria nacional. Se conforma con ser publicada hasta que los editores se den cuenta de que es una insignificancia y manden a su autor al carajo.
  5. Si gusta de las flores, loas y alabanzas, mejor lea esquelas fúnebres.
  6. Si cree que los artículos de farándula literaria le servirán de apoyo para trabajos o tesis, olvídelo, su profesor lo creerá desquiciado; o peor aún, lo creerá un Opinólogo Literario, animal de una fauna que aún está por inventarse y que –tal vez, si me da la gana- describiré más adelante.
  7. Si cree que empiezo hoy con el primer artículo de farándula literaria, está muy equivocado. Los sujetos de esta revista son tacaños con el espacio, así que compre el próximo número.

Esta primera columna fue publicada por Franz Rasca en la revista Carnestolendas, la que sólo sacó un número. (Q.E.P.D.) En busca de reivindicación y venganza, Franz ha decidido volver a intentarlo con nosotros.

Este texto es parte del primer número de Un Pelo Perdido.

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