Luis Cordova (cc by-nc-nd 2.0)
Enero 1, 2013

Secretos vapores

Por Roque Atreides en Cuentos y relatos, No. 3
2 min

Era sólo un día más. La diferencia era, quizás, que me había cortado el cabello. Llegué a mi pega, un odioso bar en el puerto, y me tocaba turno con la cajera Carlita, la más sexy muchacha de ese  antro según yo, claro. Con su cabello claro, su voz y risa endiablada, su piel blanca como pollito,  su silueta carnuda, su escasa prominencia glutéica, sus atractivos excesos de piel y grasa  acumulada sobre sus caderas, uuuh… ¡Me encanta!

Inocentemente  salí a la barra desde la cocina, mi oculta base voyerista. Me ve  y me dice sonriendo ‘se te ve bien el corte’. Y no, no pude resistirme más. Me abalancé sobre ese cuerpo suelto, sobre esa hermosa sonrisa, buscando esos labios delgados tan exuberantes y esa naricita respingada. Me fui encima unos segundos tras lo cual ella me separó de sí con un empujón. Me cacheteó – lo merecía. Luego, se me tiró encima.

Yo me sorprendí: tuve mis ojos abiertos unos cuantos segundos antes de dejarme llevar. Vi la sorpresa de todo el mundo: las garzonas, mis jefes, los clientes. La tomé entonces y comencé a besarla, a comerla, a recorrerla; el más exquisito e invaluable de los platos chatarra que ofrece este ¡¡MALDITO CUCHITRIL!! Pero el dónde ya no importaba; sólo el calor de su piel de teflón, y el sonido de su voz derramado, con el cual susurraba dulcemente mi nombre.

–Roque, ¡ay Roque! Roque, ROQUE, ROQUE…
–Sí Carlita, sí…
–¡¡ROQUE!!
– ¿Eh?
– ¿Qué chucha te pasa huevón? ¡Tay en la luna!
– ¿Ah?
–Te hizo mal el corte de pelo parece…

Levanté la vista. Nadie nos estaba mirando. Afuera, bullía la lluvia de agosto; el frío y la indiferencia dentro. Y mi secreta fantasía, como secretos vapores se evaporaban junto a la fritanga y al cigarrillo, por mi nariz, mis poros, mis suspiros…

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