Certo Xornal (CC BY 2.0)
Enero 6, 2014

La vida en corpóreos

Por Sergio Villar en Cuentos y relatos, No. 4
5 min

Fue la sorpresa lo que nos llevó a refugiarnos en estos disfraces. No previmos este cambio. Obviamente nadie sabe cuando una crisis puede infiltrarse en nuestro país que creíamos tan sólido y barrer con todo. Sobre todo con la desigualdad. Aquí ya nadie gana nada y tan sólo los que estaban acostumbrados a sobrevivir lo han hecho. Y pensar que cada noche mi mujer y yo destapábamos una botella de champagne nueva. Ella y yo, felices y cobijados en nuestra gran casa. ¿Ahora qué somos? Pues nada. Tan sólo una mujer y hombre vestidos con disfraces de animales, escondiéndonos del frío y la intemperie.

Todo esto me ha abierto los ojos para ver que mi gordito es realmente, y al fin de cuentas, un bueno para nada. Todas me lo dijeron. “Victoria no te cases con él que a pesar de ser tan rico es demasiado feo”. Pero en aquel entonces el dinero lubricaba, limaba asperezas, sacaba los objetos perdidos y los animalillos para hacer girar todos los engranajes de este gran mundo. Ahora que lo veo con ese disfraz de conejo me arrepiento de no haberme ido a Europa y conocer a algún francés adinerado. ¿Qué iba a saber yo que el mundo se vendría abajo y nos arrastraría a mí y a mi gordo al precipicio? Incluso comienza a molestarme su presencia, y sus piernas peludas que no alcanza a cubrir con el disfraz, que horrendas son. ¡Es un gordo horrendo! ¡Que vergüenza me da este disfraz de cerdita que llevo puesto!

Han pasado unos tres días que se han hecho eternos desde que a Victoria y a mí nos quitaron todo y nos quedamos en la calle, totalmente quebrados. Pero no fuimos los únicos. Todo nuestro condominio quedó en la calle. Todo el país quebró. Y con tantos días conviviendo con desconocidos, porque muy vecinos habremos sido pero para mí son todos unos desconocidos, me da la impresión de que Victoria tiene algo oculto con el hombre ese del traje hecho de periódicos. Todo porque él encontró de suerte, nada más que de suerte, unas latas de conservas selladas dentro de un basurero. Ahora que lo pienso, de no ser por los basureros del condominio, y todo lo que encontramos en ellos, estaríamos muertos. ¿Quién más vota a la basura cosas sin abrir o recién abiertas? Hasta las que estaban a medio comer nos han servido para sobrevivir.

Yo no me merezco tanto sufrimiento. ¿Una mujer de buena familia como yo viviendo dentro de un disfraz de cerdita como éste? Y peor aún, con un hombre que tan sólo la apariencia de hombre tiene. Esos pelos y su olor. Si tan sólo supieran que no es capaz ni de encontrar comida, ni de rascarse la espalda solo de lo gordo que es, y ni siquiera de satisfacerme a mí, su mujer. Pero ese del traje de periódicos sí que parece un hombre de verdad. Debería dejar a este gordo e irme con él haber si así aprende a servir de algo. Nunca trabajé y no comenzaré a hacerlo ahora. Ni ahora ni nunca.

¿Adónde se habrá metido mi bebita? Ya es tarde y la noche cae sobre la silueta de los árboles. Quizás estará buscando algo de comer en otro lado. Realmente nunca imaginé que pasaría de ganar diez millones mensuales a no tener nada, ni siquiera orgullo me queda luego de andar escarbando en la basura. Hasta los que antes tan sólo veía como pordioseros viven ahora mejor que yo. Y es así a lo largo de todo el país. Debe ser Dios que se está desquitando con nosotros por haber sido malos cristianos. Le dije a Victoria que el dinero del diezmo era insuficiente. Yo sabía que por ser tan tacaños nos castigaría.

Espero que el conejito gordo no me vea entrando a la casita de cartones del hombre aquel con traje de periódicos. Lo conozco y de seguro sí me ve se pondrá a llorar y nadie podrá contenerlo. Pero esto se lo gana por bueno para nada y apestoso. Mi madre se equivocó al decirme que el amor se construye con los años. Yo nunca pude amar a esa caricatura de hombre. Ni con todos sus obsequios logró convencerme. Agradezco no haber tenido hijos con él ¡Oh, no que horror!

Ojalá mis sospechas no sean ciertas, ¿Sí ella me deja que haré yo solo? Cada vez se oyen disparos más cerca ¿A qué vendrán si acá no hay nada? Aquí sólo hay miseria y llanto. Ahora veo que las noticias decían la verdad. Que aquella gente con el rostro embarrado existía. Pobres sus manitos sucias y heridas. Pobres las mías y mi existencia. Ojala mi padre no me esté mirando desde el cielo, llorando como el niño que ahora parezco, escondido en este disfraz de conejo. Me heredó todo lo que había conseguido en sus años de trabajo y en un cerrar de ojos lo he perdido todo. Tan sólo me quedan Victoria y el calor que nos estos estúpidos disfraces.

Maldito degenerado, ¿Qué se cree? Piensa que haré esas cosas con él tan sólo por una lata de atún y una casa de cartón. Muy vestida estaré de cerda pero no lo soy. Al menos mi gordito es más decente. Se escuchan unos tiros. Debo encontrar a mi gordo e irnos a esconder al bosque. Sólo Dios sabe que querrán esos locos.

Corre Victoria tomada de mi mano. Que hemos estado siempre juntos y nada nunca nos separará. Ni siquiera esta picazón que siento, ni la falta de comida. Confío en el amor que hemos construido con el pasar de los años. Tanta historia juntos, refugiada al interior de nuestras manos. ¿Por qué nunca aprendí algo que me sirviera en estos momentos? ¿De que sirvió la universidad? Ni sentimientos me enseñó. ¿Por qué nos sucede todo esto? ¿Acaso es la vida que ha venido por mí?

Gordo realmente me desilusionas. Ni siquiera puedes correr. Y esa respiración tuya entorpecida por el resfrío, que asco me da. Te debes de estar ahogando ahí dentro de tú disfraz de conejito. Todo transpirado. Fétido. En mala hora vine a confiar mi mano a la tuya para correr al bosque. Pero aún con todos tus defectos eres el único en quien puedo creer. Todos aquí se han vuelto unos desquiciados. La mujer de los perros, el degenerado del traje de periódicos y el hombre momia envuelto en papel higiénico con su mirada perdida. Tan sólo tú y tu gordura me pueden dar el calor que necesito. Ojalá tan sólo supieras casar o hacer fuego, o construir una casita de madera, o por lo menos dejar de llorar mientras huimos.

Quizás no soy el único que debe estar pensando esto. Después de todo la vida es dura y difícil de llevar. A más de uno se le debe haber cruzado en la cabeza la idea de suicidarse. ¿Pero aceptaría Victoria? Para algo servirá este revolver que llevo escondido dentro del disfraz. ¿Pero quién primero?

¿Quitarnos la vida? No que miedo. No tendría las fuerzas suficientes ni la valentía para hacerlo.

Pero yo lo haré por ti amor. No sabes cuanto me duele decirte esto, pero no quiero que suframos más. Te dispararé a ti primero y luego me daré un tiro yo mismo.

¿Dispararme tú? No, claro que no. Si alguien le disparará a alguien esa seré yo. Luego veré quien me dispare a mí. Dame el revolver y quítate ese traje de conejo.

Gracias por ser tan valiente. Confío en ti.

Inclina tu cabeza y todo terminará. Uno, dos, tres, tres, tres ¡Maldito gordo! ¿Cómo se te puede olvidar cargar el arma antes de salir? Tranquila amor, sonríe. Abrázame que al menos la noche está estrellada sin el humo de las industrias. Por lo menos ahora el mundo es bello bebita.
Gordo idiota…

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