R∂lf Κλενγελ (CC BY-NC 2.0)
Enero 6, 2014

El Apareo

Por José Herrera en Cuentos y relatos, No. 4
2 min

La señora, salida de su casa, titubea un segundo por el sol aleonado y salvaje que luego de chocar en el pavimento gris, se dirige a sus ojos y la enceguece con su claro resplandor amarillo. La señora vuelve a enfocar, demora un poco, pues tiene las manos ocupadas para llevar una de ellas como visera sobre sus ojos. El joven de pantalones y polera sin mangas sigue caminando, la persona de los tres pasos, dos pasos, dos pasos y tres pasos también sigue caminando; el señor de traje y corbata ya no está, es pasado. La señora, alza con sus manos ocupadas una manguera y dispara agua. El joven de pantalones cortos y polera sin mangas que invirtió su tiempo buscando ropa de verano en su armario y ahora lleva un desodorante barato, con el cual, y con la ropa cual piensa hacer de perrito con su nueva novia, mira a la señora que dispara el agua. La persona de los tres pasos, que estaba a cinco metros de un señor de traje y corbata, y que luego dio otros dos, dos y tres pasos más, también mira a la señora. Los dos están suspensos del por qué está tirando agua. El perro, pertinaz, sigue incesante encima de la perra, la perra sigue chillando.

La perra ya no chilla, la nueva novia espera a su nuevo novio en su casa sin padre; el perro ya no se mueve incesante encima de una perra, la06 señora le lanzó agua helada. El joven camina apurado para ver a su nueva novia. Yo, camino, dejé atrás a un señor que olía a axila.

-Vieja de mierda –grita el perro-, como si tú cuando joven no hubieses culeado en la calle.

La señora de la manguera queda espantada. ¿Desde cuándo hablan los perros?

-Viejo de mierda – grita el joven que antes llevava pantalones cortos y polera sin mangas y que ahora huye desnudo-, como si tú a mi edad no hubieses culeado en la casa de tu mina mientras su papás no estaban.

El padre no se espanta, hace mira de nuevo con la pistola y le ensarta otro perdigón en el trasero.

-Para que nunca más vuelvas a esta casa – agrega dolido en lo más profundo de su honra paterna

La perra, quizás dónde estará. Yo sigo caminando, tomo la micro y llego a mi casa.

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